Resumen:
Tras más de treinta años de enormes flujos de trabajadores mexicanos hacia
Estados Unidos, a finales de la década de los 2000s se dio un quiebre
significativo, el cual parece señalar que este fenómeno alcanzó los límites de
su crecimiento. Varios datos más apoyan esta afirmación, entre ellos: las remesas
familiares no alcanzaron el nivel de 2007 sino nueve años después, en el 2016; la
proporción de personas censadas en Estados Unidos nacidas en México ha disminuido
a un ritmo acelerado, en comparación con los nacidos en aquel país; ha aumentado la
migración temporal por contratos, denotando el énfasis del gobierno estadounidense
por un mayor control de los flujos y selección de los perfiles laborales; se han
registrado cambios de carácter demográfico, etcétera.
De varias maneras, este tipo de información ha llegado a vastos sectores de la población
en México, sin embargo, en el campo de la teoría no se ha dicho la última palabra, mucho
menos en la subdisciplina de las políticas públicas. Analizar el comportamiento de tal
fenómeno es el objetivo del presente capítulo, sobre la base de los cambios operados en
el modo de producción, trayendo información oficial para sustentar la hipótesis de que el
ahorro de costos laborales como base para sostener la productividad adecuada a la tasa
de ganancia se encuentra en el centro, junto con un cambio obligado en las estrategias de
trabajadores potencialmente migrantes, para reorientarse a su propio país.