Resumen:
A través de la historia se ha menospreciado el valor de las mujeres, considerandoseles incluso como seres inferiores, sin derecho a participar en asuntos importantes para la sociedad. En la evolución histórica social han sido relegadas a encontrarse en las sombras y en ocasiones obligadas a la adopción de otra identidad para así poder desempeñarse en aquello que desean. A pesar de tales limitaciones su influencia en el desarrollo histórico de la sociedad es innegable, y su papel en la historia de la medicina no es una excepción. Su coprotagonismo en esta rama es notoria a través del cuidado y acompañamiento, desempeñándose en un inicio como sanadoras y adquiriendo posteriormente la denominación de “brujas” por ir en contra del status quo machista, hasta lograr apenas en la edad moderna el reconocimiento para realizar estudios universitarios y desempeñar la profesión médica sin restricciones. Extenuante ha sido la labor para poder vencer las diferencias de género y pasar de tener un rol secundario y sin valor (según la masa opresora del patriarcado), a conseguir una igualdad en derechos. Aunque actualmente, ya son reconocidas con las mismas libertades y oportunidades, aún libran una constante lucha para recibir un trato digno, mantener la igualdad de salarios y lo más importante, el respeto a sus decisiones en cuanto a su vida y desarrollo profesional.