Resumen:
La enseñanza de la historia, como área de formación en la educación básica,
enfrenta grandes desafíos en el siglo XXI. Los modelos tradicionales, centrados en
la memorización y en pruebas estandarizadas, resultan insuficientes para responder
a las demandas del mundo actual. Esta situación ha impulsado el surgimiento de
nuevas tendencias pedagógicas, como la gamificación, el aprendizaje experiencia
y la incorporación de tecnologías que buscan generar aprendizajes más profundos
y significativos.
En este contexto, la enseñanza de la historia no solo debe transmitir conocimientos
sobre el pasado, sino también fomentar habilidades como el pensamiento histórico
y la conciencia crítica, además de fortalecer competencias necesarias para
desenvolverse en un mundo globalizado.
Si bien se reconoce la importancia de evolucionar hacia metodologías innovadoras
centradas en el estudiante para cumplir con la función formativa y social de la
disciplina, los planes y programas de estudio aún muestran una fuerte influencia de
los enfoques tradicionales. Esto plantea la necesidad de analizar los factores que
perpetúan dichos modelos en el ámbito educativo y que dificultan la implementación
efectiva de nuevas propuestas.